San Agustín y sus obras más importantes

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En los días de Agustín, un hombre de Gran Bretaña llamado Morgan, o en latín Pelagius (que significa “isleño” -considere las palabras “pelágico” y “archipiélago”-), comenzó a predicar, denunciando lo que él veía como una relajación de las normas morales. Él veía a los cristianos profesos viviendo vidas menos que ejemplares, y ofreciendo la fragilidad humana como una excusa. Su respuesta fue: “Tonterías. Dios te ha dado el libre albedrío.

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San Agustín y sus obras más importantes

Puedes elegir seguir el ejemplo de Adán, o puedes elegir seguir el ejemplo de Cristo. Dios ha dado a todos la gracia que necesita para ser buenos. Si no eres bueno, sólo tienes que esforzarte más”. Agustín le preguntó sobre el pecado original, y él respondió que no existe tal cosa. Agustín le preguntó por qué, en ese caso, era costumbre universal bautizar a los niños, y no tuvo respuesta.

Agustín veía la enseñanza de Pelagio como un total socavamiento de la doctrina de que Dios es la fuente última de todo bien, y como un estímulo para que el cristiano virtuoso y de buen comportamiento sienta que se ha ganado la aprobación de Dios por sus propios esfuerzos. Pelagio fue condenado por el Papa Inocencio I, y luego reinstalado por el Papa Zosimo. Agustín se negó a aceptar el juicio de Zosimo, y finalmente ganó el día.

San Agustín y sus obras más importantes para adolescentes

Cerca del final de su vida, los vándalos, un pueblo bárbaro con una reputación de destructividad sin sentido (de ahí nuestro término moderno “vándalo”), que antes había invadido España desde el norte y se había asentado allí (de ahí la provincia de España llamada “Andalucía”), se vieron envueltos en una guerra civil en el norte de África, y sus tropas invadieron África en grandes cantidades. El líder del bando perdedor se refugió en la ciudad de Hipona, y los vándalos asediaban la ciudad (que finalmente capturaron) cuando Agustín, obispo de Hipona, murió el 28 de agosto de 430, a la edad de 75 años.

Oración (lenguaje tradicional)

Oh Señor Dios, que eres la luz de las mentes que te conocen, la vida de las almas que te aman y la fuerza de los corazones que te sirven: Ayúdanos, siguiendo el ejemplo de tu siervo Agustín de Hipona, a conocerte para que te amemos de verdad, y para que te amemos y te sirvamos plenamente a ti, a quien servir, es perfecta libertad; por medio de Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y para siempre.

Oración (lenguaje contemporáneo)

Señor Dios, la luz de las mentes que te conocen, la vida de las almas que te aman y la fuerza de los corazones que te sirven: Ayúdanos, siguiendo el ejemplo de tu siervo Agustín de Hipona, a conocerte para que podamos amarte verdaderamente, y a amarte para que podamos servirte plenamente, a quien servir es la perfecta libertad; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y para siempre.

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